
Gustavo Ramírez Varela
Llama de tristeza en el mercado público
Siendo las dos de la madruga en la ciudad de Santa Marta, cuando aún los gallos no han cantado su famoso cacareo, una nube gris empieza a formarse al norte de la ciudad, en medio de una madrugada extrañamente fría y húmeda como pocas veces se da en el caribe, pareciera que el clima anticipadamente refleja la tristeza y desánimos de lo que estaría por ocurrir más exactamente en el mercado público de la capital de Magdalena.
Las primeras personas en despertar, junto con los que no han dormido, debieron sentir en el aire un aroma cenizo que causaba cierta intriga, puesto que no es normal levantarse con un aroma diferente al que transmite la brisa marina de las playas que rodean al pueblo samario. Mientras que conforme pasan los minutos, la nube gris se torna negra y se extiende a lo largo del firmamento.
Esta vez no son los gallos quienes hacen ruido en la madrugada, si no las sirenas de un camión que emprende camino hacia la incandescente luz amarilla que se ve a lo lejos provocada por llamas que alcanzan los 27 metros de altura alrededor de un edificio un poco antaño con función de bodega para artículos como licores, enlatados, bultos de arroz y de papas entre otros más que poco a poco se van incinerando con las ardientes llamas.
El panorama se ve difícil, en especial por los locales de alrededor, a las cuatro de la madruga el cuerpo de bomberos no ha podido controlar las incesantes llamas, personas que residen cerca al sector llegan para intentar acabar el caos, pero este no se detiene. Entre lágrimas y gritos los trabajadores que se dedican a la venta en el mercado lamentan el trágico suceso, agobiados pues la perdida que será ineludible y sus esfuerzos por intentar apagar el incendio se ven ofuscados por la fuerza del fuego que se va prologando conforme pasan los minutos.
Casualmente la gobernadora del departamento Rosa Cotes, se encontraba cerca al lugar del incendio y acudió a este para que su presencia e intervención intensificara los trabajos del cuerpo de bomberos. Siendo las ocho de la mañana cuando el sol ya posa plenamente en el cielo, la cortina de humo no cesa y las llamas muy poco han sido reducidas y los daños materiales superan los $8.000 millones de pesos; el alcalde Rafael Martínez quien se presentó en el lugar cerca de las nueve de la mañana, pidió cordura a los comerciantes afectados, que tristes e impotentes ante lo ocurrido observan entre lágrimas sentados en las banquetas y andenes como se cae a pedazos algunos de los locales donde solían laborar.
Entidades del sector privado prestaron ayuda como la empresa Drummond que envió un carrotanque para el sitio de la emergencia. Así trascurre la mañana y la tarde en el mercado público, entre chorros de agua y llamaradas del incendio, quedando registrado este fatídico suceso como el peor incendio en la ciudad ya que se extendió por 21 horas. Solo hasta las diez de la noche se culmina la labor y se produjeron perdidas de $12.000 millones, lo importante fue la no presencia de heridos pues lo material se recupera tarde que temprano, aunque el agobio por lo perdido se refleja en la cara de los comerciantes afectados directamente por el incendio la mañana siguiente.
Amanda Flórez, una comerciante lamenta las perdidas, pero se alegra pues según ella Dios metió sus manos, agradeciendo que el incidente se presentó a las dos de la madrugada cuando nadie se encontraba en el edificio bodeguero. Así mismo agradeció también a Julio Cabarcas, un hombre que reside en el edificio de apartamentos vecino, quien fue el que reportó el incendio a la central de bomberos.